El Moncayo

Parque natural Dehesa

Mon-cayo, derivación de Mons Caunus: "Monte Cano o Canoso”

El paisaje de la sierra moncaína y de sus cumbres, sus cabezos y sus barrancas es variopinto y hermoso. " La dehesa natural del Moncayo" sería el mejor exponente del influjo del monte, de su fecundidad y de su belleza.

Escritores de la talla de Antonio Machado o Gustavo Adolfo Bécquer quedaron impresionados por la magia secreta de los ambientes naturales que coexisten en la sierra del Moncayo. Y, de hecho, fue en estos parajes del Sistema ibérico donde ambientaron buena parte de sus magníficas obras literarias.

Hoy el visitante, impregnado de poesía, prosa y leyendas misteriosas, puede revivir el escenario del Moncayo penetrando en sus salvajes y formidables bosques de robles, así como en otras diversas masas forestales.

Altitud 2.315 m. 

 

 

No esta permitida ninguna actividad o acción que pueda comportar la destrucción, deterioro, transformación o desfiguración de las características del espacio (flora, fauna, formaciones geomorfológicas, ...) y de los procesos naturales de su evolución.

Está prohibido verter basuras y utilizar jabones y detergentes en fuentes, ríos y otros cursos de agua.

Está prohibido hacer fuego sin autorización.

Está prohibida la acampada libre.

En algunos Espacios Naturales Protegidos existen zonas donde el acceso se encuentra restringido o regulado. Infórmese de la normativa.

Para cualquier información contactar con los Guardas de Conservación de la Naturaleza, Ayuntamientos, Guardia Civil y refugios o guías en la zona.

cumbre
Moncayo dehesa
Moncayo dehesa

Fuentes

Fuentes
Fuentes

Bosques

Gnomos

 "... Hay Elfos oscuros, como los Moros, Mouros, Mairuk, Lamiñak...seres de tez negra constructores de dólmenes y habitantes de cuevas. O los Minairons o Mainarons, duendes de las minas para algunos, o los Follets de las Cuevas, o los Gnomos del Moncayo..."

Cuenta la leyenda que existe una gruta en el Moncayo por donde mana fría agua. Cerca de allí existe un pueblo y las jovencitas de ese pueblo acudían todos los días a llenar los cántaros.

El tío Gregorio, un anciano de ese lugar, les contó la historia de un joven pastor que perdió el rebaño y entró en la gruta. Observó que había gran cantidad de joyas (oro, plata, rubíes, diamantes, zafiros... y custodiándolo unos seres diminutos y horrendos) todo lo que se perdía o incluso los tesoros de los moros al huir a sur, era recogido por estos seres.

Existía una red de caminos subterráneos por todo el Moncayo. El pastor al final pudo escapar con suerte de tales bestias. El anciano les dijo que por la noche, al acudir a esa gruta se podían escuchar las vocecillas de esos gnomos, pero que nunca les hiciesen caso.

Al día siguiente, casi al anochecer, dos de esas jovencitas (Marta y Magdalena, unas pobres hermanas huérfanas) decidieron ir esa misma noche a la gruta del Moncayo, absortas con las historias del anciano. El agua y el viento les empezaron a hablar "Niña, déjame besar tus pies", "déjame agitar tus cabellos". Marta quedó ensimismada, mientras que Magdalena empezó a tener miedo. Entonces el agua les ofreció joyas y poder; el viento amor si entraban en la gruta.

Marta se acercó aun más a la gruta mientras que Magdalena se alejaba atemorizada, pero ambas miraban fijamente al manantial. Entonces enmudecieron agua y viento y apareció un gnomo, un hombrecillo transparente y luminoso que reía y saltaba y se volvió a introducir en la gruta. Marta, atraída, lo siguió y no regresó.

Dicen que algunas noches se escucha el llanto de Marta en el nacimiento del manantial.

 Miedo en el Moncayo. Tremegisto. 20/6/2002

Todos los aficionados a Bécquer conocéis la leyenda de el Gnomo, mirad lo que nos pasó en Junio de 2001 y entenderéis. Unos amigos decidimos acampar a los pies del Moncayo. La primera noche como podéis imaginar fue de risas y juegos en torno al camping-gas, pero todo cambió la segunda noche. Conocéis ese momento del amanecer cuando la noche se confunde con el día y la humedad en el interior de una tienda para los que somos calurosos se hace insoportable , pues ya no lo soportaba más y decidí salir y dejar a mis compañeros roncando. Me encaminé hacia una balsa de agua que estaba rodeada de una espesa arboleda y donde creedme el frescor era celestial. Me acosté sobre la frías losas de piedra musgosa que bordeaban la balsa y me adormecí sintiendo el fresquito del musgo en la nuca.

Y cuando estaba a punto de roncar, Zas!!! un bofetón de agua impactó en mi cara. Me levanté asustadísimo como podéis imaginar y de repente en el extremo opuesto de la balsa con los ojos húmedos pude ver una figurita que se partía de la risa. Me froté los ojos esperando que la visión desapareciese pero todo lo contrario , lo vi más claro. Era un ser de unos 60 cm. de altura , delgadito, de nariz y orejas puntiagudas pero los más extraordinario eran sus ropas. Vestía al modo de los antiguos senadores romanos y su cabello dorado estaba coronado por un gorrito rojo rodeado de una corona de hojas de laurel que cambian de color.


La criatura no paraba de reír y de repente agitó una varita retorcida y otro bofetón de agua impacto en mi cara. La criatura loca de risa cayó al suelo y dando patadas no paraba de reír. Como comprenderéis salí corriendo en dirección a las tiendas que distaban unos 150 metros de la balsa. Llegué gritando y tales gritos de terror daba que mis compañeros salieron de las tiendas y perdonad la expresión "acojonados".Intentaron calmarme pero no podían y para desesperación de ellos no acertaban comprender que me pasaba.


Y de repente me quedé sin habla al ver las caras de mis compañeros , de pie y con una sonrisa en su rojiza y pecosa cara allí estaba ese duende o gnomo llamarlo como queráis mirándonos. La sorpresa paralizó a mis compañeros, pasaron segundos eternos y nadie hacia nada , entonces el gnomo agitó la varita en el aire y nos gritó "buf" y salimos pitando ladera abajo hacia el pueblo cuyo nombre omitiré porque todavía deben estar riéndose de nosotros al contar lo sucedido. Sólo un viejo del lugar y no se si con sorna o seriedad nos dijo que nos habíamos topado con Aurelio un duende romano que protegía los terrenos de lo que una vez fue una villa romana y que la leyenda dice oculta un gran tesoro en el interior de la balsa.


Y esta es mi historia del ultimo verano, podéis creer o no , pero yo ya no duermo junto a balsas ni en invierno ni en verano, jodíos duendes!!!